19.4.09

reflexiones fugaces I




A veces se me antoja la vida pasada como una serie de segmentos muy herméticos, perfectamente independientes dentro de su ubicación en la memoria, y cuyo único nexo es el abstracto orden de sucesión, y tenerme ahí como protagonista. La vida no fluye uniformemente, sino que avanza en diferentes estratos, de diferentes longitudes e intensidad. Marcapáginas en forma de encuentros y desencuentros. Capítulos. Tropiezos. Hallazgos.

15.4.09

Hubo interesantes reflexiones y alguna que otra pregunta inteligente flotando en el aire, en el acto por la III República celebrado ayer, con Cayo Lara y Julio Anguita a la cabeza. Éste último, uno de los pocos personajes que ha dignificado la izquierda en España en los últimos 15 años.

Personalmente, y no me gusta hablar de política en el blog, me importa bien poco si los Borbones siguen o no por estas benditas tierras. Era más interesante, como se vió, indagar en los problemas der la crisis económica. Una crisis provocada en gran parte por esa gran mentira llamada libre mercado, que parecía que iba a asegurarnos un estado de bienestar (menudo eufemismo) ad infinitum. No ha sido así. Pero a quién le tiene que importar, para que pueda hacerse algo al respecto, no le importa. Seguirán pasando hambre 1.000 millones de seres humanos. Seguirán poblando europa directivos que ganan 66 veces más que un mileurista. "Si hay un sueldo mínimo, ¿por qué no un sueldo máximo?" Se preguntaban ante la mirada atenta de las Juventudes Comunistas.

Sigo moviéndome entre la incredulidad y la utopía que puede representar un futuro basado en una economía diametralmente opuesta a la actual, creyendo que un mundo socialista es posible. En cualquier caso, los que en España seguimos considerando la izquierda como la única opción moral posible, estamos más solos que la una. A seguir soñando.


Me gusta remitirme a razón del presente tema, a cualquiera de las obras de Frank Capra, como cineasta comprometido, portador de una ideología, tal vez ingenua, pero verdadera encarnación del sueño americano en esos años tan difíciles post crack del 29. A Capra además, le llovieron palos por todos los lados. La crítica al capitalismo que se respira en cada uno de sus clásicos le ganó el adjetivo de comunista en más de una ocasión, años más tarde, y la pérdida de todo el crédito del que disfrutó antaño. Triste situación para un artista que había conseguido aunar los valores de la izquierda y el cristianismo de una forma tan sublime. Claro que, ¿cómo asumir en pleno S. XXI su mensaje de "el dinero no da la felicidad"?



Y sin embargo, sería bonito pensar que todos somos un poco George Bailey

9.4.09

calles en las que no se colaba la luz...



Cómo tu batir abarca
rincón conocido,
y de poderosas alas
en boca prendidas;
sombra y cobijo.
Primavera mía.
Me alcanzas.


Ya sé que no está bien que lo diga, pero amo, amo esta foto.

14.3.09

enseñanzas

Mi viaje a Madrid ha sido una de las experiencias más didácticas y hermosas de mi vida. No sé si resulta una afirmación atrevida. Sé que no es gratuita, ni autocomplaciente. Y desde luego no es apresurada. Sencillamente, me he sentido conmigo mismo. Paseando por calles grises, o cegadas por el sol (ese sol de habilidad inusitada que se cuela donde quiere), calles extrañas, calles familiares. Calles abarrotadas, calles desiertas. El mundo a mis pies porque soy parte de él. Pies llenos, digo. Estaba solo. Y con todos.

No escapa de cierta ironía el hecho de que me acompañaras en cada paso, cada palabra. Saber que ya eras, incluso más que somos. Es decir, libre de exigencia, deseo y sueño.

Estoy aquí.

Nada más que eso
y tanto.


11.3.09

horizonte

Bauticé tu imagen antes de nacer.



Tanto frecuentabas las inmediaciones de mis sueños, que me inventé la forma de llamarte, cansado de ser descortés. Y mirando hacia el mismo sitio, terminamos (empezamos) por encontrarnos.

25.2.09

Saber

¿qué se siente?
En otra época, en otro mundo distinto del que habito ahora, probablemente me habría entusiasmando explicártelo. Me habría puesto de pie, mientras gesticulaba torpemente, intercalando momentos de grave locuacidad con verborrea barata y alguna que otra mirada cómplice. Habría hecho gala de uno de los más orgullosos ejercicios de autoengaño nunca vistos.

En otra época, no sabía nada.

Y ahora.

¿qué se siente?


-¿Sabes que en los restuarantes te sientan uno en frente del otro? Pues siempre cambiamos los platos para estar al lado.

Sonreiste. Tu también lo sabías.

20.2.09

Conquistas



Tu ciudad
no fue tuya
hasta que yo te la entregué.

Sometida y
vencida,
mientras bailabas
sobre mis pies.

9.2.09

Madrid, 1971


Fué el año en que se cruzaron por primera vez sus miradas. Ocho meses más tarde estaban casados. Y diez años depués nací yo. Le tengo cariño a esta foto, y por alguna razón, anoche volvía verla, como si fuera la primera vez. Muchas dificultades, muchas circunstancias en contra y barreras se encontraron. Ninguna pudo con ellos. Hay bastantes cosas que me gustan de mis padres, pero la que más admiro y envidio, es que siguen tan unidos como entonces.
Y es que, esta foto lleva escrito, en algún lugar de mi memoria, la palabra esperanza.

5.2.09

Madrid













Algunas de mis instantáneas de Madrid. Aunque me ha encantado la ciudad, la inspiración no me ha acompañado esta vez (nunca mejor dicho)

Not Alone


“Si seguía clavado al suelo era por ver si me entraba una sensación de despedida… Lo que quiero decir es que me he ido de un montón de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba”
J.D. Salinger - El Guardián entre el Centeno


La soledad me asalta con mayor énfasis en las grandes ciudades. Eso pensaba al pasear por el Retiro uno de los cinco días que he disfrutado de la capital. Hacía 15 años que no la visitaba, y comprobé de que manera tan increíble deforma el tiempo la realidad de los recuerdos. En el viaje de ida y vuelta, he aprovechado para releer uno de mis libros preferidos, El Guardián entre el Centeno. Bueno, preferido hoy. En su momento no le presté mucha atención. Sin embargo, estos días me he sentido como una melancólica versión de Holden Caufield, al pasear por Madrid sumergido en una profunda soledad. Una soledad no especialmente deseada, pero de alguna manera, necesaria y apacible. Parece que cuando nos hacemos mayores, perdemos cierta capacidad de fascinación, de inmediatez. Nos invade el hastío. Y cualquier rostro desprende calor.

El frío, y la nieve, eran intensos el sábado. Quizás eso era lo que me hacía temblar.

Cuadro: Edvard Munch - Johan Street
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