22.11.17

errautsak

foto de maeva



Estaba organizando mi última mudanza
-y ya se sabe, caja de libros va,
caja de libros viene-
cuando apareció
un diccionario en euskera
apenas usado, las hojas nuevas.
Uno de esos objetos que sólo existen
para rescatar la imagen
turbia y agridulce
de la posibilidad no consumada,
uno de esos objetos
a medio camino
entre el estorbo
y la candidez.

Despaché sus hojas rápidamente
al tiempo que despachaba de mi memoria
esa edad
donde los corazones albergan suficiente ilusión
como para llenar la Fosa de las Marianas
y aún sobrar.

Porque sobró.

Y supongo que fue por eso
que quise aprender
la lengua de tu tierra
ya sabes, lo básico;
formular respuestas
e imaginar preguntas.

¿cómo estás?
¿qué tal el trabajo?
¿qué es ser tú y hacerse mayor?

Pero, al final
nos quedamos en unos pocos números
no dio tiempo para mucho más.
Llegamos a contar hasta diez, creo
aunque ahora mismo
ya no sepa pasar del seis:

bat
bi
hiru

Cómo pesa el recuerdo

lau
bost
sei

Cómo pesan los años

18.11.17

no fue en Yorkshire, pero había niebla


Natasha Van Niekerk



Cada uno a su manera, sin duda.

Pero, sabes, ambos
nos fuimos para siempre
en el mismo instante,
en el mismo día.


12.11.17

columpio





 a mi amiga. 


Creo que si quisieran describirte
sólo habría una manera
de hacerlo bien:
Hacerlo
como lo haría un niño.
De manera que
si me tocara a mí
buscaría un poco aquí dentro
donde se supone aún habita
el que fui
(anda por algún lado
ocupado con algo importante
pues los niños sólo se ocupan
de aquello importante)
Y le preguntaría:

Oye ¿cómo es tu amiga Alba?

Y él respondería:

Pues Alba
tiene el pelo largo
para poder hacerse trenzas
como las de los cuentos
y manos fuertes
para colgarse de las ramas
y de los ríos
cuando llega el verano.
Tiene una hermana
que es su hermana
pero también su amiga
y hay días que
escucha las cosas que escribe
porque Alba escribe
cosas bonitas
cuando no está colgada
de ríos o ramas.
Sé que le gustan
los libros tristes
y la nieve sin invierno.
A veces, no olvida nada.
A veces, recuerda todo. 

El que soy ahora
difícilmente mejorará
tal descripción.
Aún así, me acercaría a su oído y le chivaría:
Sabes, también es de esas personas
que añora los árboles
incluso cuando duerme entre ellos.

9.11.17

Lisboa



foto de ana





Leí Sostiene Pereira
y me gustó tanto
que habría deseado
hablarte de él,
soltar la chapa
como me decías que hacía
cuando hablaba
de aquello que me gusta mucho.
Pero te decía
que leí esa novela
de Tabucchi
que era un italiano
enamorado de Portugal
(eso me enamoró a mí,
por lo de tener también
el corazón lejos de casa)
y me gustó tanto
tanto
y su protagonista
te habría caído tan bien
porque hace cosas inesperadas
y valientes
por amor a la vida,
y otras
las hace bonitas
aunque tristes
como por ejemplo
hablar con el retrato de su esposa
que tiene a la entrada de casa
su esposa que hace años
está muerta
pero a veces le sonríe
y esa sonrisa es
su alegría del día
y pensé
mira
como yo
cuando hablo contigo
algunas noches
contigo que hace tanto
que no estás.

Pero yo no sé si sonríes,
aunque así lo espero
porque así te recuerdo:
sonriendo
y con los ojos
repletos de claveles.

2.10.17

venga, ya pasó

lisa marie







Ya no sangra.

Pero, a veces

me acuerdo de cuando sangraba.

Y es casi lo mismo.

Almirall

aldo chaparro




Dicen que con su altura 
representa un pasado glorioso
de industria y trabajo
de humo, carbón;
ensordecedor ruido.

Pero los que la construyeron, 
y colocaron meticulosamente
la ciclópea masa de ladrillos
uno por uno
no tenían ni idea
no sabían
que un día
serviría a otras razones
más amables,
más delicadas.
No se imaginaban
que marcaría el lugar
la cruz del mapa
para amores
y verdades
más acordes con su esbeltez
y asombro
que cualquier miseria pasada.

Los que la construyeron 
no sabían
que esa chimenea
nunca habría de caer; 
que el lustre de su cerámica
se mantendría firme
así como el ímpetu de los niños
que juegan a sus pies.

Y así será.

Así será porque
existe un anhelo de infinitud
en aquellos lugares
a los que uno 
ya no puede volver. 

16.9.17

la memoria de los pulmones

jacob lambert



Septiembre ondeaba
en la mañana
y aire gélido
de sequedad desafiante
reafirmaba la memoria del tacto.

Y no conformándose con agrietar los labios
ni sonrojar globos oculares
o erizar la piel
le ha parecido bien llevarme lejos
a lugares que fueron
por culpa del frío
y por culpa de los abrazos.

Porque es cierto:
siempre he sabido sonreir
tras la bufanda.

Y así han ido desfilando,
no por la mirada
(hace tiempo que la niego, ni me sirve)
sino por mis pulmones
henchidos de agujas
otras calles
otro tiempo:

Carrer del Taulat

Gordóniz kalea

Antoninus Pius

Sí.
Qué inmensa dicha
esconder la historia del frío
(porque hay que escribir más sobre él)
sucumbir lo congelado
que igual no duele mucho
-se entumecerán los miembros
y se ralentizará el pulso
sin más-.
¿Qué rostro dejan aquellos
que renuncian al calor?
Les encuentran con una mueca sonriente
preguntándose
qué caricia sucedió
para un adiós tan feliz.

5.9.17

cómo te quise

Gerry Cranham, 1939




—¿Queda algo
de aquello que nos unió?—
te pregunté en el aeropuerto.
Tú volabas a Argentina
mi parada era Nueva York
—No lo creo— respondiste.
—Yo tampoco— me protegí.
Y entonces,
después de darnos la espalda
quizá por última vez
pensé en todas las cosas
que nunca te dije,
en todo el peso inerte
de las palabras
que con facilidad se me derraman
y no sé cómo limpiar.

Pensé
que siempre quedaría tiempo
para otros adioses porque,
sinceramente,
no me hubiese importado sacar la fregona de nuevo,
girarme
y gritar tu nombre
allí en medio,
ante la mirada estupefacta de todas las personas
que me importan mucho menos que tú.
Gritar tu nombre para decirte
—más bien confesar—
que sigo conservando un paraje
donde nuestro instante
(nuestro digo, ni tuyo ni mío)
aún mantiene a raya
la finitud del cariño.
Un lugar
que haces pequeño
donde aún te llamo amigo,
y donde reza un cartel
aquí
        se prohíbe sangrar.

1.9.17

esto nunca lo leerás

ximena




Eras tan inteligente
y sin embargo
no tenías ni idea,
nunca supiste que tu nombre
estaba escrito docenas de veces
en mis libros de texto.
No sabías
que por tu culpa amo las pecas
y que podía describir todo tu armario
por eso de que tu piel
santificaba las prendas.
Tampoco adivinarías
que aquel beso que me regalaste
de pintalabios negro
distraída, como quién se aparta el pelo
para beber de una fuente
aún lo recuerdo
como recuerdo
todos los que siguieron después.

Hace tiempo de eso. Y ahora que te he visto de nuevo
porque que eras la novia
de un amigo
del ex novio
de una amiga
-lo sé, es complicado, cosas de Facebook-
en esa foto grupal
con tu belleza hiriente
intacta tras quince años,
pensé
mírala
está besada por el fuego
como dicen de las pelirrojas
en las novelas de R.R. Martin
y te preguntaría
que si sabes eso
que si las has leído
que si te gustan
y de paso
que si sabes todo lo demás.

ara que hi ha silenci





Fer-me mal sempre va ser senzill.

Una cosa aixina com
doblegar la punta d'un full
o arrencar pètals
a la primavera.

Assequible,
com esclafar formigues
conrear lleganyes
i acceptar regals.

Fer-me mal era tan fàcil
com menjar raïm
dir t'estimo
i somiar despert.

Així era.

I ara que he crescut
gairebé sense adonar-me'n,
ara que sóc un adult
fent les coses que fan els adults
resulta que fer-me mal
segueix sent igual de fàcil.

El que passa
és que ja no hi ets
perquè t'ho expliqui.



ahora que hay silencio


Hacerme daño siempre fue sencillo.

Algo así como
doblar la punta de una hoja
o arrancar pétalos
en primavera.

Asequible,
como aplastar hormigas
cultivar legañas
y aceptar regalos.

Hacerme daño era tan fácil
como comer uvas
decir te quiero
y soñar despierto.

Así era.

Y ahora que he crecido
casi sin querer,
ahora que soy un adulto
haciendo las cosas que hacen los adultos
resulta que hacerme daño
sigue siendo igual de fácil.

Lo que ocurre
es que ya no estás aquí
para que te lo cuente.

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