Carmen Martín Gaite, 1958
Editorial: Austral
No sé si llamar a esto un reencuentro con la literatura de Martín Gaite, puesto que la última vez que la leí yo iba a bachillerato, y apenas recuerdo nada de aquella experiencia, si es que me dejó algo. Y lo prefiero así. Porque no encuentro nada que pueda empañar la sorpresa de leer por vez primera Entre visillos, y aceptar de buen grado la que sin duda será una de mis novelas preferidas del año. Es que es una maravilla. Y sí, tiene esas cosas que te hacen pensar en Nada, de Laforet (ambas premio Nadal) al igual que un arquear de cejas ante ciertas sutilezas que, quizás por serlo, pudieron esquivar la censura –aquí Emily Roberts me ha arrojado un poco de luz–. Pero de lo que más anda sobrada esta historia de provincias es de corazón; como el que se queda roto ante tanta vida desmenuzada, tanta existencia acotada por una realidad que seguiría siendo negra para la sociedad española durante unos cuantos años más. O como el de unas muchachas casi siempre resignadas, cuya moneda de cambio es el tedio y la falta de expectativas. Martín Gaite proporciona esa dosis de esperanza en el carácter de Natalia, algo así como el caramelo final del que hablaba Wilder, para no dejar demasiado amargado al lector. Y lo agradezco, aunque no me lo crea demasiado.
Si todos sus libros recrean personajes con tanta maestría y sobriedad, si se saca de la manga estructuras poderosas como aquí, pues supongo que habrá que seguir leyéndola.
H.P. Lovecraft contra el mundo, contra la vida
Michel Houellebecq, 2006
Editorial: Anagrama
Traducción: Encarna Castejón
Leído en menos de 24h, un dato que arroja un poco de luz (¿luz, aquí?) sobre lo que puede encontrar un meridiano lector de la obra de HPL en este ensayo. Breve, ciertamente, pero en el que no falta una coma. Incluso la introducción de Stephen King es deliciosa. Y, bueno, se trata de un libro escrito por Michel Houellebecq hablando de la vida y hallazgos del creador de Cthulhu; no hay alma misántropa que pueda sentirse decepcionada aquí, es sencillamente imposible.
Todas aquellas personas que encontraron en la literatura, y especialmente en la que da la espalda a esta realidad para sumergirse en otras más estimulantes —o terroríficas; en el caso que nos ocupa, viene a ser lo mismo— una vía de escape ineludible, disfrutarán de un análisis y reflexiones sobre la naturaleza de los Mitos y su creador que no admite queja. Lectura brutal, que deja esa semilla de inquietud terrible al sentirse identificado en tantos aspectos con un personaje que despreciaba la propia naturaleza de su especie de forma tan visceral. Pero algo tendría para fascinar a lectores que, irónicamente, ni siquiera lo habían leído aún. El aura de su vástago precedía sus artes. Y cuando se llega por fin a estas, no hay vuelta atrás posible.
Parafraseando una de las líneas del libro, “no sabía que la literatura podía hacer esto, y aún no estoy muy seguro de que pueda”
Los desposeídos
Ursula K. Le Guin, 1974
Editorial: Minotauro
Traducción: Matilde Horne
Me resulta difícil creer que alguien pueda leer de esta novela sin reparar, aunque sea por un segundo, en la enorme altura moral de su autora, Ursula K. Le Guin. Como Charlotte Brontë o Victor Hugo, el suyo era de esos corazones capaces de insuflar tal dosis de dignidad al ser humano, como para dudar seriamente de encontrarla de forma tan prístina fuera de estas páginas, en esta realidad nuestra algo decepcionante.
Los desposeídos es literatura de ciencia ficción, porque no podría ser de otra forma; no hay otro marco que pudiera asimilar las enormes ambiciones que vuelca la autora de esta historia, no existe ningún otro género capaz de aceptar el reto. Porque aquí hay política y filosofía; ciencia y antropología; amores y odios. Y como toda buena escritora, lleva estos asuntos hasta el centro mismo de los personajes, hasta su profundo relato lleno de humanidad, preguntas, anhelos; en resumen, lleno de poesía.
Cuántas veces hemos leído sobre distopías terribles, futuros aciagos y extinciones irresolubles; ingredientes muchas veces inherentes a la ciencia ficción. Cuántas veces hemos visto en esas visiones un sobrecogedor aliento profético. Sin embargo, Le Guin es más esperanzada que todo eso (que no optimista). Y, de algún modo, en su empeño de transmitirnos, explicarnos sobre esa suerte de sociedad anarquista imperfecta, sobre sus deseos de futuro, sobre su búsqueda de un equilibrio imposible entre la libertad individual y la hermandad desinteresada, la autora americana va y escribe una de las mejores novelas del género. De cualquier género. De la literatura.
Hay libros de los que se sale siendo distinto a cuando se entró. Los desposeídos es uno de ellos.























